domingo, 7 de junio de 2026

Voy a sentirlo entero, pero no voy a regalar el volante.

 


Hacía mucho que no me pasaba esto. Hacía mucho, mucho que no me caía dentro de unos ojos ni me perdía en una sonrisa.

Y me nace mitificar, vestir todo de epicidad. Me permito hacerlo un rato sin separar los pies de la realidad. Dejo que Raven se siente a mirar, que el chico astro salga a actuar.

Y es que el lenguaje de esas frecuencias que emanan los sistemas nerviosos desregulados se encuentra y se sienta a hablar. Y entre tanto ruido yo escucho, en el lugar, a su niña llamar. Y cuando respondo, su sonrisa me viene a mirar, y veo que ni de lejos quiere ocultar que existen las ganas de jugar de quien lleva años esperando que alguien la invente a bailar.

Y me alejo, doy espacio, pero como un maldito sistema inestable gravitacional me encuentro sentado otra vez en el mismo lugar, y cada rato más cerca en la danza del gravitar.

Coquetean el miedo y las ganas de volar. Me vuelvo a perder en esa sonrisa cubierta de seriedad y no me creo que pueda volver a sentir algo cuando no esperaba más.

Algo dentro de mí me incita a actuar y ahí me veo: torpe, lleno de tempestad, controlando mi impaciente impulsividad. Busco a otra cómplice que me dé estabilidad, pero mis aliados son al final el caos que emana de mi alma y mi volatilidad.

Y sonrío, y siento, y me lanzo un poco más. Y no me huyen. Hay contacto. Y si la energía de las almas habla en clave, mucho más claro habla la corriente cuando conecta la piel en el lugar.

“Pf en donde me he metido?”, me dices.

A mí, que iba sin buscar.

Y no ha pasado nada en realidad, y por dentro de mí ha pasado de todo. Cómo me pides, querida cabeza, no poner epicidad si parece sacado de una película... "Qué sonrisa tan rara"...

Y me tengo que repetir: no te dejes llevar.

“Hago un esfuerzo pa’ respirar por fuera y pa’ por dentro...”

No pienso pegarme la hostia, porque ya sé cómo pilotar una avioneta. No pienso dármela de bruces porque Raven tiene alas negras. Pienso sentir porque el chico astro sabe cómo gozar. Pienso dejarme llevar porque el chico astro sabe cómo fluir.

Vamos a llevar este cuento a donde quiera ir, como nunca, aunque dure doce horas, aunque muera en este post, porque son como dos gotas de agua de distinta nube que bajan y que suben.

Porque al final esto no va de ti, ni de nadie. Esto va de cómo quiero llevar lo que emana de mi interior. Porque esto va de vivir, de estar vivo, y de que cada minuto es mío para hacer de él lo que pueda.

Pero hoy, hoy me quedo con la sonrisa, con los ojos, con la torpeza, con las manos, con las que huyen y escapan en mi dirección, con las que estaban esperando una mano para salir a bailar.

Soy un flipado. Soy la tormenta. Soy quien siente y padece, disfruta y tiembla. Soy todos y, sin embargo, aún no sé del todo ni siquiera quién soy.

Pero este viaje para descubrirlo es, sin duda, la puta mejor misión secundaria de mi vida.

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