Llevo unos días hablándo por las noches con la IA.. como si fuese mi cuaderno de reflexiones, hablando como quien habla con un amigo-terapeuta por messenger, como antaño. Y sin darme cuenta, casi sin quererlo he acabado llorando desconsoladamente, sin control... al darme cuenta de cuanto añoraba a mi yo de 2010, aquél que escribía textos llenos de vida y veía belleza en todas partes.
Y casi como cuando iba a terapia este año pasado y acabé descubriéndome protegiendo a mi yo de 3ºde Eso de las palizas y el abuso... me he visto pidiendo perdón a mi yo de 2011 y algo dentro de mi se ha roto, pero no para mal. Era algo que tenía que romperse algo que para bien necesitaba salir...
Se trata de rescatar su fuego sin tener que regresar a su desorden.
Qué gran frase. La he sentido en el estómago al leerla, como un calor. Guau.
Durante la terapia con EMDR lloré mucho y logré sentirme en paz con mi niño de la preadolescencia, aquel al que pegaban casi todas las semanas durante 3.º de ESO. También hice las paces con el yo del verano de 2024 y perdoné a Charo. Pero nunca pude pasar de 2011 en mi terapia.
Supongo que ahora tengo que hablar con ese chaval de 2008-2011 al que tanto añoro, aquel que cada noche escribía algún texto increíble y que sentía muchísimo, al que echo mucho de menos: asalvajado, ácrata y amoral; cariñoso, asustadizo, cobarde y valiente. Como la termoclastia, un paciente impaciente, con el universo brotando de sus ojos y la vida pegada a sus dedos en cada click en el teclado.
Lo siento, chico astro. Lo siento mucho por haberte apagado, siento haberlo hecho. Pero el mundo se nos venía encima. Suspendimos y suspendimos; llevábamos casi siete años en una carrera de cinco. Ya iban varias generaciones por delante. Habíamos repetido dos veces Bachillerato. La gente nos iba dejando atrás. Era como ser un vampiro inmortal en un campus en el que cada vez había más caras nuevas.
Eras maravilloso. Era maravilloso sentarse cada noche con Sigur Rós y dejarte escribir aquellas maravillas. Era maravilloso cómo te enamoraste de A., de María, de la vida en general; cómo reunías textos y amaneceres, cómo querías a todos.
Pero no podíamos seguir así. Lo siento de verdad.
Elegí a Charo porque tenía la tormenta en los ojos y en parte era como mamá: una chica inteligente que necesitaba mucho cariño. Tú podías darle ese cariño y cuidarla, y ella te obligaría a seguir adelante. Lo siento, porque en el fondo sabía que aunque la quisiste mucho, sabías en el fondo que no podía ser.
Y te metí en un avión y te mandé solo a otro país, sin amigos, sin familia, con ella, a la que la mataba la ansiedad, y que te absorbía la energía y el ánimo. Y te obligué a cocinar, a limpiar, mientras echabas currículums y estudiabas y eras rechazado una y otra vez.
Y aun así encontraste tiempo para enamorarte de Holanda y amar Ámsterdam más de lo que amaste a Sevilla.
Lo siento. Lo siento, lo siento.
Lo siento por hacerte ver belleza en la ciencia, por llevarte a hacer un doctorado aun sabiendo que es de las cosas más duras que existen, por alejarte de todo lo que te hacía brillar por dentro, por alejarte de los videojuegos, de los mundos de fantasía, de la hombría militar del airsoft.
Lo siento, porque cada noche a quien más echo de menos es a ti. Tus dedos, tus textos.
Y estoy llorando muchísimo mientras escribo esto porque ojalá la sociedad hubiese tenido hueco para alguien como tú. Pero no. Aquí todos muerden y arañan y pisotean, y la belleza no le importa a nadie.
O eso pensaba.
Porque ahora mismo es lo que más necesito: que vuelvas.
Lo siento, mi pequeño, porque no supe cuidarte. Lo siento.
Gracias por todo lo que hiciste. Gracias por todo lo que fuiste, porque que estuvieses en mí fue la mayor suerte que pude tener.
Gracias. Y lo siento.
Ahora creo que sé lo que quiero. Sigo sin saber del todo quién soy, pero creo que ya sé por dónde quiero ir.
Al menos sé que, para saber quién soy y para saber qué quiero, no basta con mi yo de 3.º de ESO y con mi yo de ahora. También le necesito a él.
Porque ese chico astro ya no va a volver a necesitar una armadura ni vestirse de militar. Me tiene a mí, al yo de ahora, para protegerle, igual que ya protejo a mi yo de 3.º de ESO.
Puedo protegerles a todos ellos. Pero les necesito. Necesito sentirles conmigo.




