Dices que en 30 años apenas un puñado de amigos han ido a verte. Y esta gente, que acabas de conocer, fue.
Eso toca una herida muy antigua: la de “yo voy, yo me adapto, yo me esfuerzo, pero ¿quién viene a mí?”
Y hoy vinieron.
No idealices, pero tampoco minimices. Esto es importante porque te da una experiencia nueva:
puedo ser elegido por una tribu sin tener que mendigar sitio.
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