Sale de mis dedos, brota de mi pecho,
y sin saber qué es, siento que está al acecho.
Me mira sin ojos.
Me escucha en el viento.
Lo siento, lo noto,
pero todavía no me encuentro del todo en mi gozo.
No sé qué es.
Es como una cuenta atrás que avanza hacia delante,
como el pistoletazo de salida disparado desde el pasado,
como esa dulce sensación de saber que algo viene
cuando ni siquiera sabes dónde estás.
Empieza junio.
Y yo estoy preparado.
Nunca lo había estado.
Quizás es eso.
Quizás por eso asusta.
Es nuevo para mí.
No es una guerra como antaño.
No debo prepararme, porque ya lo estoy.
Llevo meses.
Años.
Preparándome para algo que nunca he sido.
Para ser feliz.
Pero me asusta,
porque ni siquiera sé quién es ese viento,
esa nube inmensa
que siempre ha tapado amaneceres tristes
y atardeceres alegres.
Soy tres.
Pero solo conozco a dos.
Y el tercero soy yo mismo.
Estoy con los músculos cargados
y el cerebro atento.
Tengo la paz de quien sabe que no puede perder,
y sin embargo nunca ha ganado.
Hay miedo.
Y aun así,
nunca he sido tan valiente.
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