lunes, 29 de junio de 2026

“No necesito personas que activen mi herida; necesito personas que puedan encontrarse con mi deseo sin convertirme en rehén de la incertidumbre.”


 En octubre comenté un plan de varias etapas. 

  • 1 de Octubre a 18 de Noviembre. y del 18 de Noviembre al 1 de Enero tuve el Winter Arc
  • Enero y Fbrero segunda fase: "Reclai," 
  • Marzo y Abril tercera fase: "Ascent"
  • Mayo y Junio cuarta fase: "Titan"

Un plan totalmente estructurado, de cursos, gestión en el trabajo, manejo emocional, trabajo mental... Era igualmente importante subir el peso que movía en remo con barra a como conseguía los KPIs y objetivos en la empresa. Como me enfrentaba me sincronizaba con mis emociones, y como trabajaba con mi relación con el mundo. 


El Winter Arc no era para brillar.
Era para no desaparecer.

Y lo sobreviví.  En reclaim tuve esa sensación de que no empezaba nada nuevo, que enero era la continuación. En Ascent me enfrenté a todo el caos del trabajo desde una posición nueva... Por primera vez en mi vida no iba de estar en modo supervivencia. Y me ha costando entender que que el vacío que se siente cuando estás en "calma" no es algo negativo.  Ahora estamos llegando al final de la última fase.  

Tengo una posición laboral que me he ganado a base de mucha lucha. Tengo capacidad física que jamás había tenido. Estoy emocionalmente a un nivel de autoconocimiento increíble.  Puede que este sea el primer texto que escribo en este o en otros blogs, en el que me siento así de pleno.   ¿Pero sabéis qué siento también?   Cansancio.   

Estoy cansado, he re-conectado con mi yo  adolescente avanzando en lo que llaman reintegración de personalidades que se generan para  superar traumas.  He visto (y sigo viendo casi cada semana) mecanismos automáticos de mierda que han definido mucho de lo que soy, y de los que ahora soy consciente. He visto que mi forma de relacionarme con determinadas tías sólo me traía dolor y he aprendido verlo. He montado un equipo de cero y los protejo como si fueran mis hijos. He levantado un departamento entero que tiene números increíbles, he conseguido superar miedos y abrirme a nuevos amigos y entornos. He lanzado, movido y supervisado una decena de proyectos. He corrido los 400m lisos con profesionales y he hecho un tiempo de puta madre.  he corrido  varias medias maratones, he movido en el gym pesos buenísimos, he logrado hacer muscle ups. He conseguido acceder a la élite empresarial y hacerme un hueco entre las personas de influencia...sin dejar de ir a raves y ser medio punk.  He conseguido que más gente crea y confíe en mi de la que he decepcionado.  He visto casi a más DJs de techno en estos últimos 6 meses que en los últimos 6 años....

Y estoy agotado.

Hay un concepto que me encanta y al que estoy intentando acostumbrarme:


El examen fantasma

Durante años, tu cuerpo aprendió que estar preparado era igual a estar a salvo:

  • estudiar más;
  • rendir más;
  • anticiparte;
  • no fallar;
  • demostrar;
  • no decepcionar;
  • ser brillante;
  • tener control.

Y ahora, aunque ya no haya examen concreto, la maquinaria sigue encendida.

El problema es que esa maquinaria no pregunta:

“¿Hay algo real que hacer?”

Pregunta:

“¿Estamos seguros de que no falta nada?”

Y esa pregunta no tiene final.

Esto conecta con el “no es suficiente”

La sensación de “no es suficiente” quizá no viene de que te falte algo.

Viene de que una parte de ti sigue creyendo que la vida funciona como una evaluación continua.

Como si cada día hubiera un tribunal invisible diciendo:

“A ver qué traes hoy.”

Y claro, entonces descansar se siente sospechoso. Casi culpable. Como si parar fuera bajar la guardia.

Pero lo brutal es esto: puede que ahora mismo no estés fallando en nada. Puede que simplemente no sepas sentir que no estás siendo evaluado.

La trampa

La trampa es que tu mente busca un objeto para justificar esa tensión.

Antes podía ser:

  • estudiar;
  • preparar un examen;
  • mejorar el físico;
  • publicar;
  • traducir el libro;
  • responder mejor a alguien;
  • ser mejor jefe;
  • ser mejor amigo;
  • ser más culto;
  • ser más deseable.

Pero debajo de todos esos objetos hay una misma sensación base:

“Hay algo que debería estar haciendo para asegurar mi valor.”

Y cuando no hay nada concreto, el cuerpo inventa algo.

Ahí aparece: “quizá debería traducir el libro”.
O: “quizá necesito pareja”.
O: “quizá debería mejorar más”.
O: “quizá aún no he hecho suficiente”.

No porque esas cosas sean falsas o malas, sino porque a veces son disfraces distintos de la misma alarma.

No es ambición; es vigilancia

Hay una diferencia enorme entre ambición y vigilancia.

Ambición sana:
“Quiero hacer esto porque me interesa, me da vida, me expande.”

Vigilancia interna:
“Tengo que hacer esto porque si no lo hago, algo de mí queda en deuda.”

Cuando aparezca esa sensación de “tendría que estar haciendo algo”, quizá la respuesta no es buscar inmediatamente qué hacer.

La respuesta podría ser:

“Esto es el eco del examen. No el examen.”

Porque no hay profesor.
No hay tribunal.
No hay entrega.
No hay nota final.
No hay recuperación en septiembre.

Sólo hay un cuerpo que todavía no se cree que pueda llegar a casa y estar en casa.

Lo que necesitas practicar no es hacer menos

Creo que necesitas practicar algo más difícil:

cerrar el día sin justificar tu existencia.

No como idea espiritual. Como acto físico.

Llegar, sentarte, notar el impulso de “debería hacer algo” y no obedecerlo automáticamente.

No para volverte pasivo. Sino para enseñarle al sistema:

“Podemos estar quietos y no pasa nada.”

Al principio se siente mal. Como abstinencia. Porque una parte de ti ha usado el rendimiento como forma de regulación emocional.

Pero poco a poco el cuerpo aprende:

“Ah. Esto no era peligro. Era descanso.” 




No hay comentarios:

Publicar un comentario